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El Decano llegaba con la imperiosa necesidad de conseguir una victoria para borrar la imagen de la goleada sufrida en Buenos Aires a mitad de semana, conseguir un empujón anímico con miras al partido del jueves frente al Emelec y agrandar la distancia con su inmediato perseguidor, su tradicional rival Cerro Porteño a quien tendrá que enfrentar en la próxima fecha.
Sportivo Luqueño, por su parte, es protagonista de una situación muy particular en su lucha por evitar el descenso por lo que necesitaba la victoria.
El Franjeado arrancó punzante a la hora de atacar y en los primeros minutos fue el dueño de las jugadas ofensivas. Antes de llegar al minuto 10 e juego, Aranda pateó fuerte y rasante, todo el público olimpista se levantó para gritar el gol, pero la pelota, caprichosa, pegó en el palo.
El equipo auriazul comenzó a crear problemas a la defensa decana, comandado por el experimentado Édgar Robles que se convirtió en el armador luqueño del mediocampo para arriba.
Fue precisamente Robles el que inició la jugada que terminó en los pies de Carlos Martínez que dio dos pasos dentro del área decana y pateó fuerte para que Silva no pudiera evitar la caída de su valla y el 1 – 0 auriazul.
Olimpia siguió insistiendo en el ataque, empujando al auriazul contra su arco pero sin demasiada claridad, un problema ya observado en los anteriores compromisos del Decano.
Luqueño tampoco se quedó atrás y buscó conseguir el segundo tanto antes del fin de la primera etapa, generando por momentos grandes sustos a la zona defensiva franjeada.
La primera etapa terminó con un Olimpia que se mostraba desordenado y falto de ideas por momentos, los mismos males que le habían costado la derrota en Buenos Aires.
En la complementaria el Decano arrancó buscando con muchas ansias el empate, pero sin encontrar claridad a la hora de la definición y concediendo muchos espacios en la zona defensiva ante un Luqueño que esperaba el momento de dar otro golpe que podría ser letal para Olimpia.
El Decano seguía insistiendo pero no encontraba la claridad necesaria para dar el toque final y lograr el empate.
Cuando la desesperación comenzaba a ser el denominador común en las graderías franjeadas, luego de una sucesión de cabezazos, Arnaldo Castorino consiguió marcar el empate decano para desatar la alegría en el Bosque.
El Franjeado quería la victoria, era casi una necesidad, y tras el empate siguió insistiendo, y tras un centro llegado desde la derecha el juvenil y debutante absoluto, Eugenio Montiel, remató cruzado y venció a Vargas para desatar la euforia en Para Uno y derramar lágrimas en el rostro del “pibe” que tenía un debut de ensueño.
El auriazul mantuvo contra su arco al Franjeado en los últimos minutos. Con el toque extra de nerviosismo ya normal en los partidos de Olimpia, el Decano consiguió una victoria importante porque le permite levantar el ánimo para encarar el partido contra Emelec por Copa Libertadores y porque llegará con cuatro puntos de diferencia sobre su tradicional rival, Cerro Porteño, a quien enfrentará en una nueva edición del Superclásico paraguayo en la próxima fecha