![]() |
Los países vecinos pueden aliarse a esta causa y llevar una postura
sólida en la Cumbre de la Tierra, que se hará en Brasil, en junio
próximo. De hecho, Uruguay ya llevó una postura soberana respecto al
acuífero Guaraní, ante la Asamblea de las Naciones Unidas. A esta
posición se sumaron Paraguay, Argentina y Brasil.
No se conoce
reacción alguna a dicho planteamiento, pero en forma coincidente el
organismo mundial emitió la Resolución 64/292, por la cual establece que
es un derecho humano el acceso universal al agua potable y saneamiento
básico (alcantarillado, letrinización, tratamiento de agua servida y
agua negra).
La medida de la ONU de declarar al agua como un
derecho humano va atada a las Metas del Milenio. Un punto de dichos
objetivos es lograr aumentar la cobertura de acceso al agua potable y
alcantarillado a toda la humanidad. Dicha resolución (ver infografía) se
constituye en un problema para los propulsores de la idea mercantilista
del agua, y no se descarta la posibilidad de que dicha medida sea
derogada por presiones de intereses de países que tienen problema de
escasez de agua así como las empresas dedicadas al comercio de recursos
naturales.
Nuestro Gobierno debe estar atento a esta gran
amenaza. Debe entender también que por sí solo no podrá hacer frente a
los grandes intereses creados en torno al agua, y como estrategia debe
propiciar un bloque de países interesados en proteger la soberanía sobre
sus recursos hídricos, sin descuidar otros recursos naturales como la
minería (explotación de piedras preciosas, principalmente) y la
tierra.
¿Liberar derechos?
Un
modelo de comercio del agua a escala internacional fue presentado en el
Primer Foro Global de Sostenibilidad, que se realizó recientemente en
Madrid. La sugerencia fue presentada por la consejera de la empresa
petrolera Repsol YPF, Paulina Beato Blanco. La propuesta tuvo apoyo de
algunos sectores participantes del evento, destinado a líderes mundiales
y empresarios. ¿Si se comercializa el gas y el petróleo, ¿por qué no
comercializar el agua?
El actual modelo de gestión pública
solo lleva al derroche, a una situación de descontrol, es insostenible
por la forma en que se destruyen los recursos hídricos. Con la
comercialización, habrá menos desperdicio y mayor control, argumentó la
ejecutiva de Repsol. El modelo propuesto establece una asignación al
agua en el marco de un mercado global, donde resalta que el precio es la
pieza central de un modelo sostenible.