![]() |
Unos 500 estudiantes se reunieron cerca del mediodía en la céntrica
Plaza Italia, acogiendo un llamado para marchar por última vez en el
año, pero al poco tiempo la policía disolvió la manifestación con
chorros de agua y gas, y detuvo a una decena de estudiantes, entre ellos
uno vestido de Santa Claus.
Paralelamente este jueves
estudiantes desocuparon el Liceo Darío Salas de Santiago, uno de los
pocos colegios que permaneció tomado por sus estudiantes durante más de
seis meses como medida de presión.
Ya el miércoles los
estudiantes decidieron salir de manera pacífica de dos emblemáticas
sedes estudiantiles: la Casa Central de la Universidad de Chile, la más
importante del país, y el Instituto Nacional, uno de los colegios
públicos más antiguos, ocupados ambos por más de seis meses.
Mientras
una veintena de estudiantes salían de la sede de la Universidad de
Chile otros llegaban para efectuar labores de limpieza y borrar los
miles de rayados que se hicieron en sus paredes.
Los estudiantes
chilenos cerraban así un año marcado por ocho meses de protestas para
exigir el fin del sistema educativo heredado de la dictadura de Augusto
Pinochet, y que ante la falta de respuesta del gobierno del presidente
Sebastián Piñera, continuará en 2012.
“El movimiento estudiantil
continúa el próximo año, porque los motivos por los que nos hemos
movilizado no están resueltos”, señaló este jueves Gabriel Boric,
flamante presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de
Chile (FECH), la más poderosa del país, y quien reemplazó en el cargo a
la carismática Camila Vallejo.
Vallejo, militante del partido
comunista y personaje del año en Chile según varios sondeos y
publicaciones, perdió la reelección y quedó como vicepresidenta de la
federación.
Según Boric, aún no se han definido las formas de
movilización para el próximo año, aunque no descartó que se repitan las
marchas, paros y ocupaciones de sedes estudiantiles que marcaron este
año.
“El cómo está por resolverse, pero esto no quita que marchemos o que vuelvan los paros”, señaló.
Marchando
incluso con lluvia o nieve en los meses del invierno austral y a pleno
sol en otoño y en primavera, los estudiantes chilenos protagonizaron a
lo largo de este año más de 40 marchas callejeras, algunas de ellas las
más masivas de las últimas dos décadas en Chile, reuniendo a más de
100.000 personas, entre cánticos, bailes y ambiente de carnaval.
También
organizaron llamativas iniciativas, como varias masivas coreografías
callejeras o una corrida interrumpida de 1.800 horas alrededor del
palacio del Gobierno, tomándose las principales calles de Chile y
apoderándose casi por complejo de la agenda política chilena.
Su
reclamo, en un país que tiene uno de los sistemas educativos más
segregados del planeta, despertó una amplia adhesión ciudadana, y en
contraste, desplomó la popularidad del presidente Piñera, que ha
respondido a las demandas estudiantiles con una serie de proyectos de
ley que mejoran parcialmente el sistema pero que no resuelven los temas
fundamentales que pretenden los estudiantes.
Producto de las
reformas impuestas por la dictadura de Pinochet (1973-1990), que redujo a
menos de la mitad el aporte público a la educación e impulsó el ingreso
de los privados, hoy solo el 40% de los escolares chilenos asiste a
colegios públicos gratuitos, mientras no existe esa posibilidad a nivel
superior.