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Si algo era obvio es que el concierto que Megadeth daría en el Jockey
Club, el primero de la legendaria banda estadounidense fundada por quien
fuera guitarrista de Metallica, Dave Mustaine, en Paraguay, tenía como
objetivo a una demografía mucho más concentrada, exclusiva y específica
que las de los multitudinarios conciertos de otras leyendas del rock
como Aerosmith y Guns N´ Roses. Eran los fans acérrimos e
incondicionales del metal los que serían mayoría.
No había
aspiraciones de intentar igualar en convocatoria a aquellos dos
megaeventos rockeros o el también reciente e igualmente multitudinario
show en vivo de los Black Eyed Peas. La organización –a cargo de Live
Ace Entertainment Group– no esperaba que eso pasara, y el espacio para
el público, mucho más pequeño que los sectores de los shows mencionados,
fue copándose de acelerados espectadores a medida que la hora se
acercaba.
Incluso antes de que la banda de Mustaine subiera al
escenario, ya se podía notar que se trataba de una noche especial,
característica de público metalero que tiene una forma tan única de
celebrar la música que ama.
Las bandas paraguayas Kuazar –desde
Ciudad del Este–, Patriarca y The Force, en ese orden, se encargaron de
hacer entrar en calor al público que desde hacía horas esperaba ver a
Megadeth. Hacer entrar en calor al público, sin embargo, probó ser
innecesario, tanto por las altas temperaturas como por el hecho de que
el público ya vivía cada canción de los teloneros con una sorprendente
intensidad, coreando con fuerza y sacudiendo las cabezas con la música.
Todos los teloneros tenían fans, cada canción tenía versos que eran
coreados sin cesar.
Kuazar está conformada por José María
González (guitarra y voz), Ratty González (batería) y Marcelo Saracho
(bajo). The Force –formada en marzo del 2007–, está compuesta por Mike
Martínez (guitarra y voz), Eduardo Valenzuela (guitarra), Juan Barrios
(bajo) y Bruno Romero (batería). Finalmente, Javier González (guitarra y
voz), Fabio Servín (bajo) y Hernán Comas (batería) forman parte de
Patriarca.
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ABC Color - Jorge Rolón
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Calentando
los motores y aumentando la ansiedad para tan esperada noche, las
bandas locales demostraron con altura una alta calidad interpretativa.
Hacia
las 20:30 finalizó The Force, y el público se preparó para la atracción
principal, viendo con creciente emoción cómo en el escenario se
preparaban los micrófonos y se afinaban los instrumentos. Telas negras
se sacaban de vista, develando el decorado que formaría parte de la
puesta. Dos calaveras, a modo de leitmotiv, ilustraban el escenario.
Finalmente,
a las 21:15, en medio de un impresionante juego de luces y humo,
Megadeth saltó al escenario y, sin preámbulos, el thrash metal de uno de
los “cuatro grandes” comenzó a sonar en el hipódromo capitalino.
“Trust”,
uno de los éxitos de mayor magnitud de la banda editado en el álbum
“Cryptic Writings” (1997), fue el tema que abrió el show y, con él, la
locura absoluta. Potentes coros de miles de voces acompañarían a cada
una de las canciones que desde entonces se cantaran en el lugar;
aquellos tantos representantes de la cultura de música “underground”
paraguaya eran tan dueños de la noche como los artistas que estaban
produciendo tan potente sonido sobre el escenario. “Wake Up Dead”
–grabado en 1986– siguió a aquel primer tema, y el entusiasmo del
público solo crecía, a la par de los poderosos solos de guitarra.
“Muchísimas gracias, chicos”, sorprendió Dave Mustaine en un correcto español antes de que él mismo,
el bajista y miembro fundador David Ellefson, el guitarrista Chris
Broderick y el baterista Shawn Drover se dispusieran a continuar el show
con “Hangar 18”. El público acompañó la frenética canción con rítmicos
gritos de “¡Megadeth! ¡Megadeth!”.
Dedicándosela a todas
las “chicas malvadas” presentes allí, Mustaine y los suyos tocaron
luego “She-Wolf”, que de nuevo fue coreada incluso en las partes en las
que no hay palabras, solo música. La banda desplegó en escena pura
potencia y ebullición metal, y el público estalló en éxtasis.
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ABC Color - Jorge Rolón
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Al
terminar la canción Megadeth –con el puño de Mustaine en alto–, por fin
se tomó unos segundos para dejar de tocar y dedicar un momento a
asimilar el ambiente. El vocalista y guitarrista saludaba haciendo
reverencias al público que rugía de júbilo; el fundador de la banda
recorría de un lado al otro el escenario, saludando. “¿Se están sintiendo bien?”, preguntó, esta vez en inglés, recibiendo una oleada de gritos afirmativos de miles de bocas paraguayas.
Mustaine
anunció que la próxima canción pertenecía al nuevo disco de la banda,
“Th1rt3en”. Después la agrupación, ante un público que se batía en
enérgicos “pogos”, interpretó la que sin duda es la canción más popular
de este último material discográfico, “Public Enemy Nº 1”, que generó el
acompañamiento de los fans, así como palmas, movimientos de cabeza… y
los pelos en el aire. A esta siguió “Angry Again”, y el público no
paraba de hacer de un coro brutal para los estadounidenses.
Mientras,
desde la calle se reportaban casos de conflicto en el acceso al Jockey
Club, sobre Eusebio Ayala. Un grupo de fanáticos intentaba acceder a la
fuerza, y fue detenido por los guardias de seguridad. En tanto, un grupo
de comerciantes y vecinos se agolpaba desde el otro lado del escenario,
sobre la avenida, para disfrutar –a su modo– de la noche de Megadeth.
El
ultrarrápido ritmo decreció un poco para la próxima canción; tan solo
al escuchar la intro el público estalló en gritos de alegría, y Mustaine
preguntó: “¿Reconocen esta?”, antes de que su grupo se pusiera a interpretar “A Tout le Monde”, ante un auténtico mar de brazos levantados.
El
ritmo volvió a acelerarse a la máxima potencia con “Sweating Bullets”,
“Head Crusher” y otro de los más populares temas del nuevo disco de la
banda: “Whose life (is it anyway?)”; “pogos” frenéticos, sacudidas
ininterrumpidas de cabezas, saltos y el incesante coro del público
acompañaban invariablemente las melodías.
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Gabriel Picco
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Mustaine agradecía a su público guaraní, mientras los seguidores respondían con más gritos: “¡Megadeth! ¡Megadeth!”. El carismático músico se propuso hacer cantar a cada sector del Jockey Club, y lo logró.
El grupo se disponía a interpretar “Guns, Drugs and Money”, pero antes Mustaine hizo un anuncio al público: “Esta canción habla del cielo mexicano, pero esta vez la voy a cambiar para que hable del cielo paraguayo”. Acto
seguido, el grupo entregó una versión llena de energía de aquella
canción, con Mustaine cumpliendo su palabra y cambiando la letra de la
misma para que haga referencia al Paraguay.
Al finalizar la canción, un fragmento de una canción mexicana sonaba en off, dando lugar al nuevo pasaje musical de la noche.
Justamente,
la canción siguiente puede considerarse uno de los picos más altos de
la noche, que destapó la algarabía desenfrenada y puso al público a
cantar gritando con todas sus fuerzas, en cada verso… y en cada compás.
La emblemática “Symphony of Destruction” –editada en el álbum “Countdown
to Extinction” (1992)– desplegó todo el poder de la banda, a la que el
público retribuía coreando de acuerdo a la melodía, el ya clásico “¡Megadeth, Megadeth, aguante Megadeth!”.
Juego de voces, “pogos”, pura energía, magia y sinergia hicieron de
ese momento uno de los más importantes. La sincronización perfecta de
luces con los comienzos y finales de las canciones también dio su cuota
de magia visual a la noche.
Con similar fuerza se coreó luego el
clásico “Peace Sells... but Who´s Buying?”, parte estelar de aquel disco
del mismo nombre que tantos expertos consideran uno de los trabajos más
influyentes e importantes de la historia del thrash metal.
Con
un duelo de guitarras poderoso y una química con el público llevada al
éxtasis, los Megadeth marcaban a fuego una noche a puro thrash.
Para
culminar por todo lo alto un concierto que para entonces ya se habría
establecido en las mentes de los presentes como una experiencia
inolvidable, Mustaine salió al escenario vistiendo, como es costumbre en
los artistas internacionales que vienen al país, la camiseta
albirroja, con el número 13 en el dorso, y con una bandera de Paraguay
en manos, esta con el nombre de la banda estampado. El momento sirvió
para el baile y el coqueteo con su público.
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Facebook - Megadeth en Paraguay
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El
final de la presentación fue con las canciones “Holy Wars... The
Punishment Due” y la instrumental “Silent Scorn”, que fueron recibidas
con la altísima energía que el público exhibió durante todo el evento,
durante la pasada hora y media, y desde ya mucho antes.
La
bandera paraguaya seguía puesta junto al micrófono; los músicos
disfrutaban del encuentro, mientras un grupo de fanáticos decidió trepar
los baños ubicados al costado derecho del escenario. Desde ahí arriba,
ellos también saltaban y se sacudían al ritmo de Megadeth.
“¡Dios los bendiga, Paraguay!”, gritó el artista ante una audiencia a la que dio una experiencia
histórica. Mustaine saludaba en todas las direcciones, regalaba púas de
guitarra al público y hasta tiraba besos.
“Quiero agradecerles a todos por venir”, dijo el guitarrista como despedida. “Espero que la hayan pasado bien, porque nosotros ciertamente sí lo hicimos”, añadió antes de expresar su deseo de ver de vuelta al público que lo aclamaba con tanta pasión en ese instante.
Los cuatro magos del thash se tomaron de las manos y saludaron al público, como broche final.
A
casi tres décadas de su creación –con el innegable liderazgo del
legendario Mustaine– Megadeth dejó en evidencia el talento y la fuerza
que convirtiera a la banda en una innegable leyenda del thrash metal
internacional, junto a las grandes Metallica, Anthrax y Slayer.
“¡Han sido grandiosos!”, saludó el músico, poniendo así punto final a otra noche histórica para la música en Paraguay.